Comentarios y meditaciones
1.
“Si crees que tu vida termina con la muerte, lo que piensas,
sientes y haces no tiene sentido. Todo concluye en la incoherencia, en
la desintegración”.
El registro de finitud justifica que pueda hacer lo que quiera ya que
no hay después, no hay consecuencias. Puedo seguir mis instintos y lo
que el cuerpo me dicte. Siguiendo únicamente mis deseos, confusos y
variables, acabo con total seguridad en una situación de contradicción.
2.
“Si crees que tu vida no termina con la muerte, debe coincidir lo
que piensas con lo que sientes y con lo que haces. Todo debe avanzar
hacia la coherencia, hacia la unidad”.
Si la continuidad de la vida se da gracias a la unidad y la cohesión internas tengo que ir construyendo tal unidad de manera intencional, ya que por tendencia, espontáneamente, no se va a dar. Lo vegetativo en el ser humano es difuso y sin dirección, su unidad depende del cuerpo. Cuando éste desaparece se pierde esa unidad.
3. “Si eres indiferente al dolor y el sufrimiento de los demás, toda ayuda que pidas no encontrará justificación”.
4.
“Si no eres indiferente al dolor y sufrimiento de los demás,
debes hacer que coincida lo que sientas con lo que pienses y hagas para
ayudar a otros”.
3
y 4.- En la búsqueda de esa unidad interna tengo que tener en cuenta
que no vivo aislado, vivo en un mundo en el que estoy en relación con
otras personas. El tipo de relación que establezco con los demás también
es determinante en la construcción de esa unidad que busco. Así que
tengo que construir también intencionadamente un tipo de relaciones con
los demás que vayan más allá de mis reacciones mecánicas o de mis
estados de ánimo.
5. “Aprende a tratar a los demás, del modo en que quieres ser tratado”.
Aprender
a tratar a los demás como uno quiere ser tratado implica ponerse en el
punto de vista del otro, algo que también es intencionado. Es sentir al
otro, es dejar entrar al otro en uno, es apartar un poquito el “yo” para
dejar paso a algo del otro en uno.
6. “Aprende a superar el dolor y el sufrimiento en ti, en tu prójimo y en la sociedad humana”.
A
medida que se van superando las contradicciones y los sufrimientos en
uno mismo es importante llevar eso al mundo, a otros. Al superar
dificultades de relación con otros también se van integrando cosas en
uno mismo, como si lo que avanzo en mí avanzara fuera y viceversa. Como
si los mundos interno y externo no estuvieran tan separados, tan
lejanos.
En
situaciones de muerte se ve claramente que las cosas del “yo” se
apartan totalmente, se apagan, y quien sabe que le queda poco se aboca a
los demás, conecta con los demás hasta lo profundo y establece un tipo
de relación muy especial con los otros. Eso es un modelo.
En
la mecanicidad habitual uno es como un crío que quiere atención y que
le traten como si fuera el centro del mundo. Sin embargo, lo que uno da a
los demás se lo está dando a uno mismo.
7. “Aprende a resistir la violencia que hay en ti y fuera de ti”.
Habla de “resistir” la violencia como si no fuese posible superarla del
todo. Está claro que se refiere a todo tipo de violencia, no sólo la
física: la discriminación, la imposición, etc., son tendencias mecánicas
y muy de base de nuestra conciencia, por lo que están en nosotros y en
quienes nos rodean. Tal vez en uno mismo se pueda avanzar pero la
superación en los demás ya no depende de nosotros, por lo que sólo nos
queda resistirnos a esa violencia social.
Esta
violencia tiene que ver con que uno está “delante”, uno es el centro,
va primero e impone a otros. Tiene que ver con cierto registro de
centralidad del “yo”. Mi punto de vista siempre es claro y cristalino, y
el de los demás es raro y oscuro. Por tanto, mi punto de vista es el
que tiene que prevalecer. Pues bien, es precisamente a eso es a lo que
hay que resistirse, eso es la base de la violencia. Si dejas que el otro
se exprese y se libere y uno mismo se hace a un lado, entonces se ha
resistido a la violencia. Y cuando uno afloja con el otro, se logra una
sensación clara de libertad interna. A lo que hay que resistirse es al
“yo”.
Sería como decir: aprende a resistirte a la mecanicidad del “yo” y a la mecanicidad de los demás.
8. “Aprende a reconocer los signos de lo Sagrado en ti y fuera de ti”.
Es
como que uno no es el “yo”. Hay que aprender a reconocer eso. ¿Qué es
lo que no es reemplazabe en uno, lo que permanece? ¿Y qué es lo que no
es reemplazable en otros, lo que no tiene recambio?
Igual
que antes, es apartando un poquito el “yo”, o saliéndose un poco de la
mecanicidad, como se puede llegar a otros espacios de conciencia donde
se registra lo sagrado. Es aceptando y reconociendo la mecanicidad como
se sale de ella, no luchando en contra o negándola. Y es así como se
puede llegar a regiones más profundas de conciencia donde se expresan
otros significados. No hay que luchar contra los mecanismos sino
agotarlos, llevarlos hasta el final para salir de ellos. El “yo” quiere
permanencia, conservación. Se trata de aprender a reconocer lo que está
más allá de eso.
9. “No dejes pasar tu vida sin preguntarte: ¿quién soy?”
11. “No dejes pasar un día sin responderte quién eres”.
9
y 11.- Las respuestas al quién soy están muy ligadas, de entrada, al
“yo”, y por tanto, a la memoria, al paisaje de formación. Se observa
cuando viajas a un país desconocido, donde la memoria de quién eres no
sirve. El “yo” se desestabiliza y se desplaza un poco ya que depende
mucho de la memoria. Es un buen momento para preguntarse quién soy.
Las
respuestas van variando según el estado de ánimo, el momento, el día…
Lo interesante es comparar las distintas respuestas. Eso da el registro
de que ninguna de ellas es la buena, ninguna de esas cosas soy “yo”, ya
que eso varía y se mueve. ¿Dónde está entonces la permanencia del “yo”?
También
podemos preguntarnos al contrario, qué es lo que distorsiona lo que es
uno mismo. Pero no es un tema fácil ni superficial.
10. “No dejes pasar tu vida sin preguntarte: ¿hacia dónde voy?”
12. “No dejes pasar un día sin responderte hacia dónde vas”.
10
y 12.- La pregunta y la respuesta del “hacia dónde voy” tienen relación
con las respuestas del “quién soy”. Es como si una fuera el propósito y
otra la aplicación del mismo en la vida cotidiana. Lo que a uno le
ocurre cotidianamente no es lo que da dirección a la vida. La dirección
está más allá de las respuestas coyunturales a las situaciones. Hay que
desvelar esa dirección, verla. Es como ver todos los actos en proceso y
unirlos con un hilo para ver hacia dónde va ese hilo.
Pero,
¿cómo mantener la dirección de la vida en el laberinto cotidiano?
Podemos mantener la dirección vital aún en las situaciones cotidianas
según como nos ubiquemos en ellas. Esas situaciones pueden incluso ser
un punto de aplicación de mi dirección vital, en la forma en que trato a
los demás, por ejemplo.
13. “No dejes pasar una gran alegría sin agradecer en tu interior”.
14. “No dejes pasar una gran tristeza sin reclamar en tu interior aquella alegría que quedó ´guardada´”.
13
y 14.- Con un tono emotivo cercano a la tristeza, no se puede entrar en
nuevos espacios profundos. Es necesario encontrar y mantenerse en un
tono emocional alegre y suelto. Sólo así se entra en otros espacios y se
sale de la mecanicidad. Es necesario cultivar ese tono alegre para
avanzar por este “camino”. Si las situaciones cotidianas son opresivas
habrá que apelar a algo que me devuelva ese tono positivo y alegre. De
ahí la importancia de este mecanismo del agradecimiento y del pedido.
Éste es como el palo de Mesana al que hay que atarse para resistir las
situaciones difíciles. Ese palo está dentro de uno y hay que
construirlo. Es una referencia interna a la que apelar ante el desastre
en el que vivimos para no caer en esos tonos bajos y oscuros que nos
impiden avanzar.
En algunos casos hay una dificultad al reclamar la alegría guardada, como si uno no tuviera derecho a reclamar eso, a pedir eso.
En
otros casos puede suceder que no se graba bien el registro de alegría
cuando aparece. Se tiende a volcarlo hacia fuera, a disfrutar del
subidón y entonces se descarga. Sin embargo, si agradeces y lo guardas
te pierdes el subidón pero queda dentro para otras ocasiones. No es un
tema mental, no es algo que se hace con la cabeza, es algo energético.
La
actitud de agradecer amplía los efectos positivos de la alegría, ya que
la hace más consciente. Esa actitud también predispone favorablemente
para el día siguiente.
15. “No imagines que estás solo en tu pueblo, en tu ciudad, en la Tierra y en los infinitos mundos”.
16. “No imagines que estás encadenado a este tiempo y a este espacio”.
17. “No imagines que en tu muerte se eterniza la soledad”.
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